Atípica y húmeda fiesta nocturna

Silvia Alaya; Licenciada en Comunicación Social con maestría en Comunicación Organizacional de la Universidad de San Carlos de Guatemala, experta en protocolo ceremonial, en comunicación institucional y relaciones públicas, actualmente trabaja en el Viceministerio del Deporte y Recreación.-

 

En la popular Expo, el detalle económico causó polémica y marco su presencia el día del evento debido a la debilitada economía del país que afecta al a población en general, los inscritos fuimos un poco más de 5mil, otros años casi se duplica la cantidad. Sin embargo la presencia de los atletas en general fue como todos los años, infinidad de corredores formando un bloque a lo largo de la séptima avenida, se forma una mancha de color verde-amarillo (distintivo de la municipalidad capitalina) que inicia frente al banco de Guatemala y llega al inicio de 4 grados norte.

La fiesta arranca dos días antes, ir por el número, reunirnos con amigos y conocidos, recibir detalles de los patrocinadores y tomarnos fotografías se convierte en una actividad divertida tan así que para algunos como yo la recorrimos los tres días ¡es duro pero emotivo!

La playera, esta bonita pero no habían suficientes en el surtido de tallas, el primer día por la tarde ya no habían “XS” (por esta talla sufrimos la mayoría de mujeres) y el segundo por la noche se terminaron las “L” (la talla promedio de los hombres) es imposible determinar si por el cansancio o instrucciones  las personas que entregaban, lo hacían ya sin amabilidad indicaban que solo “M” pero el deseo de lucir la playera con la talla exacta dejó un sabor amargo.

El sábado 11 pasado el mediodía el centro histórico de la ciudad de Guatemala se transforma en la pista de 10K para todos los competidores, música por doquier, muchos espectadores buscando el mejor lugar para ver pasar a los atletas, estaciones de abastecimiento y la señalización de los kilómetros hacen que el corazón se acelere.

Como equipo quedamos de reunirnos a las 5:00 pm dos horas antes de la salida, para calentamiento y fotos, y así sucedió uno a uno de los integrantes de la ola amarilla se fue acercando hasta lograr un grupo de aproximadamente 20 personas, los demás se ubicaron en su corral respectivo.

Después del acto protocolario que termina con la entonación del himno nacional, viene el conteo regresivo y todos los corredores a la espera de la palabra “cero”, con sus implementos bien colocados esperando iniciar su cronometro personal, arranca la fiesta de los 10K.

Esta carrera no ofrece premios a los ganadores pero sirve para récord personal, tomamos dirección norte hasta llegar a la Catedral Metropolitana y dar la vuelta frente al Palacio Nacional, este año fue atípica la fiesta puesto que nos llovió como media hora, los charcos fueron implacables, hubieron accidentes pequeños y todos los atletas temíamos caernos, conforme avanzamos sobre la sexta avenida; el recorrido continua y pasamos por la simbólica iglesia Yurrita, luego nos enfilamos por la avenida reforma, el retorno estaba en la 12 calle y de regreso hacia la municipalidad.

Escribir el recorrido lo convierte en eterno pero correrlo es una diversión mágica que nos permite volar con las piernas, no hay cansancio, solo alegría y ansiedad por cruzar la meta, prueba de ello, es el testimonio de tres amigas que corrieron por primera vez una carrera y se aventuraron a 10K, les tomó un mes de fuerte entrenamiento y su esfuerzo se vio reflejado con excelentes tiempos y su medalla bien puesta, felicidades Auri, Brendis y Yesiquita como cariñosamente les llamamos.

Es así como le damos fin a una aventura recorriendo tres zonas capitalinas, donde no sentimos los kilómetros sino al contrario disfrutamos de esta sana adicción, así como me queda corto el espacio para escribir así sentimos de corta la fiesta, nos quedamos con la satisfacción de una meta más alcanzada y a la espera de un año para repetirla.