EL PERRO AGUAYO una auténtica leyenda del rudo deporte

Rafael Hernández Cabrera, relacionista público miembro de CONFIARP (Confederación Interamericana de Relacionistas Públicos) escritor y periodista miembro de APG (Asociación de Periodistas de Guatemala) anfitrión del programa Mayafarándula, columnista y conferencista internacional.-

 

“El Perro Aguayo” Pedro Damián Aguayo, un  deportista ejemplar y un gran amigo, ya retirado del deporte de sus amores, dejo de existir sumido en la tristeza; el deporte que le dio todo en la vida, fama y fortuna, pero se encargó de quitarle lo que más quería, es que desde aquel fatídico día en que su hijo El Perro Aguayo Jr. falleció en un combate, 25 de marzo del 2015 en Tijuana, Pedro ya no volvió a ser el mismo, durante el velorio y el sepelio del “Perrito” como cariñosamente le decíamos sus amigos, casi no hablaba y esa fue la última vez que se le vio en público, trataron de hacerle homenajes en vida, los que agradecía gentilmente como era su costumbre, pero prefería la soledad y cuando alguien trataba de hablarle de Lucha, esquivaba la plática, ya no quería saber nada del costalazo…

Recuerdo que como reportero de Revista Box y Lucha me toco cubrir muchos de sus combates y nació una amistad entrañable con él y su compadre Fishman (QEPD), con quienes muchas veces compartimos anécdotas alrededor de unos tacos o y tortas, Pepe en ese entonces estaba casado con la excelente luchadora (para mi gusto una de las mejores) Lola González y tanto Pedro, como Pepe eran joviales y bromistas a mas no poder, contrastando con la fiereza demostrada sobre el ring, siempre fue muy amable…

En una ocasión, compartiendo en los años 80s, con el promotor Jorge Reyes Alonzo, el Gran Jefe Pluma Negra, el Chino Chow  y Alfredo Hernández (El Genio de las máscaras) (irónicamente ya todos fallecidos) Pedro y Pepe nos llevaron al Tenampa, en la plaza Garibaldi, Jorge tenía un gusto exquisito por las viandas y degustamos unas carnitas deliciosas escuchando mariachis, posteriormente nos llevaron a la basílica de la virgen de Guadalupe de la cual eran devotos; así eran Pepe y Pedro y ahora al ver hacia atrás, ya no están entre nosotros ninguno de los siete y de todos guardo un grato recuerdo.

Años más tarde en 1985, contratado por Jorge Reyes Alonzo, El Perro Aguayo vino a Guatemala  y nuevamente me tocó cubrir su lucha frente a El Arriero de San Juan en el Gimnasio Teodoro Palacios Flores y como un homenaje al amigo que se nos adelantó en el viaje sin retorno, publico textualmente tomado de Revista Lucha, de la cual fui director, mi crónica de ese combate:

El Arriero de San Juan  retuvo el fajín de las Américas:

“En una de sus mejores luchas el Arriero de San Juan empató con el Perro Aguayo para conservar el fajín que lo acredita como Campeón de las Américas, ante el delirio de sus seguidores. Felicitaciones Arriero, porque empatar ante una estrella como el Perro Aguayo, es un verdadero triunfo. La caída inicial fue para el técnico sanjuanero con un elegante planchón. La intermedia fue para el Perro más famoso del mundo con un martinete que casi deja fuera de combate al Arriero. Y en la tercera caída el campeón y retador brindaron un cerrado combate para ser recordado en mucho tiempo. El Arriero saco lo mejor de sí y su doble hueso frontal fue un excelente aliado, el Perro se lanzó en vuelo suicida y el Arriero le respondió de la misma forma, pero en ambas ocasiones regresaron antes de la cuenta reglamentaria. Hasta que finalmente el Perro Aguayo puso espaldas planas al campeón sin percatarse que él estaba en la misma situación y el árbitro Carlos Bran contó las tres palmadas declarando empate y el Arriero una vez más conservó el campeonato de las Américas ante su más peligroso retador, el público cargó en hombros  a su ídolo que con esta victoria ingresó al trono de los consagrados” (tomado textual de Revista Lucha)

¡Quién iba a decirlo! Pedro quería ver a su hijo convertido en un profesional y no luchador, siempre dijo “no quiero esta vida para mi hijo, viajes, lesiones, muchas veces arriesgando la vida” y vaya si tenía razón… por algo no deseaba que “El Perrito” siguiera sus pasos, era como un presagio, pero al verlo convertido en adolescente y tan buen peleador como el mismo, tuvo que dar su brazo a torcer, quizá por eso siempre se sintió culpable de haberlo dejado ser luchador…quizá por eso una parte del Perro se fue con su hijo aquella fatídica noche en Tijuana; desde entonces no volvió a ser el mismo y empezó a morir poco a poco, hasta que el 4 de julio mientras se festejaba la independencia de USA, un infarto terminó con el sufrimiento de uno de los mejores rudos, muy querido por el público, a los 73 años de edad, dejando un vacío en el rudo deporte, siempre recordaremos su ”lanza zacatecana” sus berrinches sobre el ring, sus topes suicidas, sus peleas contra los hermanos dinamita, contra Sangre Chicana, contra Conan, cuando perdió la cabellera ante Santo el Enmascarado de Plata, y esa pelea en Guatemala contra El Arriero de San Juan…¡Hasta siempre Perro Aguayo! Una auténtica leyenda del rudo deporte…(RHC)