La fiesta de la media maratón capitalina

Silvia Alaya; Licenciada en Comunicación Social con maestría en Comunicación Organizacional de la Universidad de San Carlos de Guatemala, experta en protocolo ceremonial, en comunicación institucional y relaciones públicas, actualmente trabaja en el Viceministerio del Deporte y Recreación.-

La fiesta de la media maratón capitalina

El pasado mes de agosto, tiene una fecha muy importante para todos los atletas nacionales e internacionales, la media maratón de la ciudad, desde meses antes con las inscripciones se percibe entre los corredores la ansiedad- felicidad que abunda en el ambiente.
Este año para variar se dieron contratiempos desde las inscripciones, ya que solo dan días específicos, pero éste se rebaja a horas sino minutos y nos quedamos sin lograr la misma en el primer día, en la siguiente semana… para muchos tristeza para otros enojo pero al final lo importante es correr en este evento, con o sin número.
Teniendo la boleta de inscripción solo quedamos a la espera del día de la expo en realidad son 3; algunos (me atrevería a decir que la mayoría de corredores) quisiéramos estar los tres días allí y los que no corren se preguntaran ¿Para qué? Ese sensación solo los corredores de corazón la entendemos por lo tanto no hay explicación teórica.
Y se llega el día de la expo, en lo personal elegí el primer día, llegamos con un grupo de #AmigosPorLasCarreras Mirna, Hugo, Karem, Edson y yo al filo de las 9:00am íbamos felices y ansiosos de encontrar principalmente la playera de la talla correcta, la curiosidad de los obsequios de los patrocinadores y el deseo de encontrarnos con muchos amigos.
Sorpresa no hay playera talla XS, bueno este año hicieron No. 16 de igual manera estaba bastante grande, se ganó la frase “tallas de alemanas hicieron” esto es parte de la convivencia que tenemos, la fiesta se hace larga hasta llegar a la hora del almuerzo, claro que ahora el grupo es mucho más grande, el área de restaurantes del centro comercial donde fue la expo nos queda pequeño y la fila de mesas unidas simula un largo puente.
Después de esto solo quedamos a la espera del gran día, el sábado 25 de agosto, desde las 4:30 se iniciaron a reunir corredores de toda Guatemala y otros países visitantes frente a la municipalidad de la ciudad, colores, banderas, uniformes, la playera de la carrera, cámaras, gorras, viseras y más de 20,000 corredores se hacen presente a la cita.
Es impresionante el fervor que se le tiene al deporte, este año mi segundo en hacer esta media maratón pude percibir mejor ese sentimiento que solo los corredores entendemos, porque quienes no corren a parte de decirnos locos se preguntan ¿Pagan por correr? ¿Qué ganan? ¿Sonríen a pesar de lo que les espera? ¿Madrugan para ir a correr?
Mientras que los atletas con una sonrisa inmensa solo podemos pedir que inicie el conteo regresivo y salir a disfrutar del recorrido, saludando unos a otros, buscando el puesto de hidratación, o simplemente desconectándonos del mundo para volar, pasado los primeros 10K pareciera que somos inalcanzables, al menos para mí, me hacen sentir invencible y esa sensación nada más que los kilómetros conquistados me la brindan.
Es fantástico ir dejando atrás, edificios, casas, calles, avenidas y ver el rotulo de los kilómetros recorridos solo nos llena de energía, misma que nos impulsa a terminar los faltantes con el mismo entusiasmo con el que iniciamos el reto. El sudor, la sed, y el cansancio quedan eliminados con la adrenalina que recorre el cuerpo cuando vemos a metros la meta, eso es, el mejor nivel para el corredor, en lo personal el corazón pareciera que me a explotar.
El cruzar la meta enteros, dijera el coach #GoHenry eso es todo lo que pedimos, Se convierte en nuestra máxima presea.
Su servidora pudo observar, atletas de Colombia, Honduras, El Salvador, Costa Rica y hasta compartí fotos con un uruguayo, queda confirmado que esta media maratón rompe fronteras y que al final todo los corredores convertimos el evento en una gran fiesta, que tras disfrutar el recorrido de 21 kilómetros, nos fundimos abrazos y muchas fotografías, todos luciendo la medalla y otros comentando los tiempos o simplemente hidratándose.
El apoyo del público motiva, es agradable recibir ánimos de personas desconocidas quienes disfrutan viendo pasar a más de 20 atletas por todas las calles de la ciudad, recorremos, zona 1, 2, 4, 9, 13, forman parte de la carrera pero estas coinciden con varias más por lo tanto paralizamos alrededor de 5 horas las actividades diarias por una fiesta deportiva nacional e internacional.
Esta media maratón cumplió sus primeros 10 años, lamentablemente para mí fue la segunda vez, pero fue interesante escuchar comentarios de atletas que a pesar de venir por primera vez a la competencia les pareció todo bien, la seguridad, los puntos de hidratación, las porras por las calles, en fin a quienes hemos encontrado la felicidad corriendo este evento marca nuestro año deportivo, y que mejor que esos comentarios lleguen a otros países.
Mientras que en mi bella Guatemala, los no deportistas nos reprochan el uso de las calles (comprensible por el cierre de las mismas) los extremistas, nos critican por que compramos el número, porque usamos la playera de la carrera; los incomprensibles nos gritan que porque sonreímos a pesar del largo recorrido, qué cómo es posible que el sudor y cansancio nos de felicidad, que los gastos son innecesarios, pero todo lo que al atleta se refiere, ninguno de los cuestionamiento anteriores, es obligatorio, prueba de ello es la cantidad de corredores sin número que acompañan el evento.
El reto es personal, si en el camino decido caminar por el motivo que fuera, estoy en todo mi derecho y no importa el qué dirán, son mis piernas y es mi decisión, nada lo impide, aquí nadie es obligado a nada; hasta el uso del número (dorsal) es opcional, por identificación y por el chip del tiempo, pero si alguno decide no visibilizarlo o no usarlo está en su total derecho; en nuestro equipo por ejemplo no usamos la playera de la carrera, hicimos una especial para la fiesta, nueva poderosa amarilla y esa lucimos, así que aprovecho el espacio para aclarar que ningún corredor es obligado a nada en ninguna carrera, es decir todos vamos por cuenta y riesgo propio, lo que sí es obligado al menos en el equipo es a romper nuestro propia meta y proponernos más y mejores objetivos al finalizar cada evento.
Estos 21K son una gran fiesta, importante para muchos, odiada para otros pero lo que si se comprueba año tras año es que lo de “competencia” pasa a segundo plano, es como la fiesta familiar imperdible de cada año, donde nadie esta obligado a participar pero nadie quiere perdérsela.
Ahora nos queda esperar otros 365 días para volver a reunirnos en cantidades industriales los atletas nacionales e internacionales en esta fiesta que no solo nos hace mejores deportistas sino que nos enseña el valor de la amistad.
Seguimos entonces en esta locura por recorrer más y más kilómetros y compartiendo algunas de las vivencias por este espacio.