La libertad de expresión y las redes sociales

Rafael Hernández Cabrera, relacionista público miembro de CONFIARP (Confederación Interamericana de Relacionistas Públicos) escritor y periodista miembro de APG (Asociación de Periodistas de Guatemala) conductor del programa Mayafarándula, columnista y conferencista internacional.-

La libertad de expresión y las redes sociales

La libertad de expresión pareciera estar sufriendo la peor de las crisis, desde su creación, solo comparable al movimiento del Renacimiento en los siglos XIV y XV luego del declive en la Edad Media, la literatura que comenzó a desarrollarse en ese tiempo podría considerarse como una antesala a la novela, debemos reconocer que esa corriente inició en Italia en el siglo XIV, mientras que el Renacimiento inglés y el de Escocia comenzaron a finales del siglo XV. Los escritores renacentistas se esmeraron por expresar la belleza de nuevas y distintos formatos novedosos para la época; como los Sonetos, Poesía Lírica, la estrofa Spenseriana (después se desprende el Soneto) la Prosa y el Ensayo donde los autores podían disfrazar la realidad con su arte.
El amor, la naturaleza, la sexualidad y la mitología eran los temas favoritos de la literatura renacentista, influenciada por la ola progresista en la ciencia y la filosofía, desatando una contienda intelectual entre las dudas y certezas, hasta marcar una época como ha sucedido en nuestros días en la era digital que si bien es cierto ha estampado una nueva etapa en la comunicación, ha debilitado las columnas que parecían irrompibles como garantes de la Libre Emisión del Pensamiento con guardianes tan férreos como la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa) a nivel internacional y como APG (Asociación de Periodistas de Guatemala) CDP (Colegio Dominicano de Periodistas) y otras de igual jerarquía que se ven burladas por los espacios irreverentes que dan las redes sociales.
A diferencia del Renacimiento, que dejó reglas claras para la literatura universal, la era digital ha creado espacios que sin ningún criterio fomentan el libertinaje literario que por instantes cae en lo soez, en irrespeto grotesco hacia las personas e instituciones, amprándose en la “Libre emisión del Pensamiento”.
La Libertad de Expresión, no es inherente solo al periodista, ampara a todos por igual, pero tiene reglas puntuales de ética, que el comunicador respeta y aplica en el ejercicio de su profesión, existen normas de redacción que incluyen ortografía y puntuación, dicción y estética, previas a la publicación; que se constituyen en piezas literarias, lejos de ser simplemente una forma de desahogo, chisme o desplante, dejando al descubierto la calaña del autor y el prestigio del medio por el que ha sido transmitido.
Jamás estaré en contra de la tecnología, de hecho es para mí una herramienta muy valiosa que me permite seguir vigente después de 50 años de periodismo activo, me hace recordar mis primeras cuartillas emborronadas a lápiz, después a lapicero, posteriormente en mi vieja Rémington, que luego fue cambiada por una máquina eléctrica; al igual que mi antigua
Nikon de rollo (revelada en cuarto oscuro) mientras hoy es digital y sin procesos de revelado que entorpecen el trabajo.
Los de la “vieja guardia” ya en vías de extinción, reconocemos la importancia de la tecnología, siempre aconsejamos utilizarla como herramienta de apoyo y no como un arma para desahogar los instintos, de tal manera que sirva para construir y no para destruir, tomando en cuenta que la ética del periodista no ha cambiado, que se mantiene incólume en defensa de la verdad y que lo expuesto en las redes debe contribuir al desarrollo o al progreso del país, de la familia o en todo caso personal.
Las violaciones a la Libre Emisión del Pensamiento, no sucede exclusivamente en internet con la pésima redacción, faltas ortográficas exageradas, injurias o calumnias escudándose en perfiles falsos.
Ocurren a la luz del día en el ámbito socio-político; recientemente Donald Trump, despotricó en contra de los medios tratando de debilitar la labor periodística, sembrando dudas sobre hechos irrefutables, que solidarizó a más de 300 medios norteamericanos en defensa de la libertad de expresión.
Se comenta a diario en diversos países, con declaraciones de aprendices de dictadores que pretenden amordazar a la prensa, apoyados en un su congreso o cenado retorciendo leyes o creando reglamentos represores de los cuales terminan retractándose.
Pero lo que realmente me inquieta es pensar que el Renacimiento nos dejó cambios sustanciales en la literatura, nombres de la talla de Miguel de Cervantes Saavedra, Dante Alighieri, Nicolás Maquiavelo, William Shakespeare, Martín Lutero, Giovanni Boccacio, entre otros; mientras que esta nueva era tecnológica nos representa como casi analfabetas con dislexia, con pésima ortografía y peores sentimientos hacia el prójimo pregonándolo en las redes en busca de un “Like” que halague el ego, escudándose en el libertinaje sin respetar reglas, haciendo caso omiso de la deontología periodística de la objetividad, que finalmente solo contribuye a ensanchar el abismo entre la libertad de expresión y las redes sociales.