Maestro o Facilitador ¡Más que profesión…es un don divino!

Alcedo Magarín: Abogado, Periodista, Maestro, conferencista internacional, fundador del Instituto de Formación Gerencia y Liderazgo Americano (IFGLA) y miembro activo del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP).

 

 

Reflexionar sobre la labor del Maestro resulta interesante por la  gran connotación mundial de este profesional, que el calendario universal a sugerencia de la UNESCO consagra el día 05 de octubre el día mundial de los docentes.

A pesar que el Día del Maestro se conmemora en más de 100 países alrededor del mundo en diferentes fechas, siendo junio el mes que coincide con esta celebración incluyendo la República Dominicana juntos a los países centroamericanos como Bolivia, Guatemala, El Salvador y Nicaragua.

En República Dominicana  se instituyó el 30 de junio de cada año como Día del Maestro, incorporado mediante la resolución 06-39, del 30 de junio de 1939, siendo Secretario de Estado de Justicia,  Educación Pública y Bellas Artes, (hoy Ministerio de Educación) Virgilio Díaz Ordeñez, en la primera década del dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina. 

Es oportuno preguntarnos qué significa la palabra maestro? La etimología de la palabra “maestro”  procede el latín “magister” que significa en primera instancia “director”, pero no cuesta identificar que es un compuesto también latino “magis” “más” o sea maestro es el que tiene la facultad o el poder de aumentar nuestro conocimiento. También encontramos la raíz “mag” del adjetivo magnas “grande” esta idea de superioridad hace que un maestro sea el que sabe más de una ciencia, arte u oficio.

La acepción discípulo proviene también del latín discipulus: “estudiante”. El discípulo es la persona que aprende de un maestro y ayuda a difundir sus enseñanzas.

Con el transcurrir del tiempo la palabra  maestro adquiere decenas de sinónimos,  empleándose con más frecuencias en los centros de enseñanzas  sinónimo como pedagogo, docente, instructor, perito, catedrático, profesor, maestro y facilitador.

Por su importancia solo nos detendremos con los que están en bogas según   las modalidades de enseñanzas  pedagógica y andragógica.

Resulta que el aprendizaje del adulto es diferente en muchos aspectos del infantil y juvenil.

Por esta razón es oportuno afirmar que existen dos modalidades de enseñanza que son la pedagogía  y andragogía. La primera está dirigida a instruir a los niños y la segunda a capacitar a los adultos, como podemos observar en las siguientes definiciones.

La ciencia de la pedagogía es considerada como el arte de enseñar  a los niños.

Mientras, la andragogía  consiste en toda las actividades sistemáticas de la educación de adultos. En nuestro país a partir de los 18 años comienza la adultez y raramente a esa edad la mayoría de  los jóvenes hayan  concluidos  sus estudios profesionales.

En cambio la modalidad androgógica facilita el desarrollo integral de la persona, no solo se diferencia el nombre de profesor por el de facilitador sino que la enseñanza es menos autoritaria, centrada en el reconocimiento de que el estudiante o participante son personas adultas.

En esta modalidad educativa el facilitador trata al estudiante o participante con el debido respeto y la dignidad que se merece porque ambos son ciudadanos  se tratan  como tal y no como ocurre con el pedagogo frente  al  niño que existe un tratamiento distinto por razones de edad. Otra ventaja es que permite la dualidad de trabajar y estudiar asistiendo a clases en el horario que el adulto pueda.

La andragogía reconoce que el proceso educativo es permanente, que el individuo esta en condición de aprender durante toda la vida.

En cuanto al término aprendizaje según Frank A. Logan, dice que “aprendizaje es un proceso relativamente permanente, resultado de la práctica y la reflexión; un cambio de desempeño”. La educación es sinónimo de cambio sino hay cambio en la vida no hay aprendizaje.

De esta manera se despeja cualquier estigmatización del nefasto refrán que dice: “Loro viejo no aprende hablar”, en alusión que el adulto no aprende; este adagio no es cierto. La verdad es que el adulto aprende pero diferente al niño y adolescente.

La modalidad de enseñanza andragógica confirma que los seres humanos aprenden en cualquiera de los tres periodos de la adultez, como son: joven adulto que oscila entre los 18 a 35 años, los adultos de mediana edad de 35 a 65, y los ancianos de los 65 años en adelante, queda claro que en cualquier época de la vida se aprende, de aquí la frase del apóstol José Martí: “La educación comienza en la cuna y termina en la tumba”.

Entre las diferencias del aprendizaje de la niñez y la adultez, es que el niño  aprende por curiosidad, dirigido por normas escolares y los profesores determinan que aprenden de acuerdo a la política educacional establecida por el Estado, diciéndole que estos saberes serán útiles en un futuro indeterminado.

En cambio el adulto estudia  por necesidad frente a problema que tiene que solucionar en el presente inmediato. Robert Kegan establece que el adulto  puede aprender de dos maneras: forzados por las circunstancias o a partir de auto superación.

En cuanto al niño y adolescente necesitan de un profesor que utilice la pedagogía para la enseñanza – aprendizaje, el adulto demanda de un  facilitador que utilice la andragogía  tomando decisiones en conjunto y realizan la tarea en grupo. También entre alumno  (participante)  y el facilitador  tienen una relación igualitaria para compartir  ya que ambos tienen experiencia adquirida en el transcurrir de la vida.

Asimismo el niño aprende de memoria en cambio el adulto aprende por compresión que relaciona con sus experiencias, requiere entender y significado con base que pueda aplicar en su propia vida.

El adulto cuando decide aprende solo necesita orientaciones del facilitador ya que está consciente como adulto que es dueño de su propio aprendizaje.

El adulto cuando toma una decisión puede que esta cambie su vida para bien o para mal. Lamentamos que una gran parte de los adultos, pierden la curiosidad, pero es responsabilidad del facilitador despertar esta chispa que late en cada ser humano (En cada adulto hay oculto un niño).

Estamos convencidos que el verdadero maestro es un vendedor de conocimiento, que es su producto, al igual que el mercadólogo  antes de presentar su producto debe tener un plan estratégico y táctico  que impacte positivamente al estudiante, y que este sienta que está  un “estado de necesidad insatisfecha”, pero con esta nueva propuesta que gestionó se ve compelido aprenderla porque este conocimiento será  útil para transformar su vida.

Sabemos que la misión de educar no es fácil para el profesional que decida transmitir su conocimiento, porque el verdadero maestro – facilitador es un émulo a seguir para la presente y futura generación de estudiante – participante.   Porque el maestro en cada comparecencia en el escenario de difusión de sus conocimientos,  cada palabra y acto eleva la conciencia de su estudiante en el sentido del bien y del conocimiento de la verdad.

El maestro en su accionar debe ser una autoridad  de la moralético donde sus hechos hablen más fuerte que las palabras, porque la humanidad está demandando “hechos no palabras”. ¡Feliz día del maestro, por que más que una profesión… es un don divino!